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Terapia con corticosteroides

La terapia con corticosteroides abarca el uso de glucocorticoides y mineralocorticoides por sus potentes efectos antiinflamatorios, inmunosupresores y de reemplazo hormonal. Los glucocorticoides se encuentran entre los medicamentos más recetados debido a su eficacia en una amplia gama de afecciones inflamatorias, autoinmunes, alérgicas y neoplásicas. Su uso requiere una cuidadosa evaluación riesgo-beneficio debido a los efectos adversos significativos del tratamiento crónico con dosis altas.

¿Qué es la terapia con corticosteroides?

La corteza suprarrenal produce cortisol (glucocorticoide) y aldosterona (mineralocorticoide), que son esenciales para la respuesta al estrés, el metabolismo y la homeostasis de los electrolitos. La terapia farmacológica con corticosteroides puede ser fisiológica (reemplazo de la hormona endógena deficiente) o farmacológica (dosis suprafisiológicas para lograr un efecto terapéutico). La elección del agente, la dosis, la vía y la duración está determinada por la afección que se trata y los factores específicos del paciente.

Clases y mecanismos de fármacos

Los glucocorticoides incluyen hidrocortisona (equivalente al cortisol endógeno), prednisona y su metabolito activo prednisolona, metilprednisolona, triamcinolona y dexametasona. Estos agentes se unen al receptor de glucocorticoides, que se traslada al núcleo y modula la transcripción genética mediante la transrepresión (inhibición de factores de transcripción proinflamatorios como NF-kB y AP-1) y la transactivación (regulación positiva de proteínas antiinflamatorias como la lipocortina-1). Los mineralocorticoides incluyen la fludrocortisona, que se une al receptor de mineralocorticoides y promueve la retención de sodio y la excreción de potasio en el túbulo renal distal, y se utiliza para la terapia de reemplazo en la insuficiencia suprarrenal.

Usos terapéuticos

La prednisona y la prednisolona son los glucocorticoides orales más utilizados para afecciones inflamatorias crónicas que incluyen artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, enfermedad inflamatoria intestinal y asma. Se prefiere la dexametasona para el edema cerebral, la COVID-19 que requiere oxígeno y la terapia prenatal para promover la maduración pulmonar fetal debido a su mínima actividad mineralocorticoide y su larga duración. La metilprednisolona se utiliza para la terapia de pulsos en dosis altas en afecciones inflamatorias agudas graves. Se prefiere la hidrocortisona para el reemplazo fisiológico en la insuficiencia suprarrenal y para cubrir la dosis de estrés durante una enfermedad o cirugía. Las vías de administración incluyen preparaciones orales, intravenosas, intramusculares, tópicas, inhaladas, intraarticulares y oftálmicas.

Efectos adversos

El uso crónico de glucocorticoides causa síndrome de Cushing con obesidad central, facies lunar, joroba de búfalo y adelgazamiento de la piel. Los efectos metabólicos incluyen hiperglucemia, diabetes mellitus, hipertensión y dislipidemia. Las complicaciones musculoesqueléticas incluyen osteoporosis, necrosis avascular y miopatía proximal. La supresión suprarrenal se produce con el tratamiento prolongado y requiere una reducción gradual para permitir la recuperación del eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal. Otros efectos incluyen inmunosupresión, mayor riesgo de infección, cataratas, glaucoma y trastornos psiquiátricos que van desde el insomnio hasta la psicosis. El exceso de mineralocorticoides debido a la fludrocortisona causa hipertensión, hipopotasemia y retención de líquidos.

Consideraciones clínicas clave

Se debe utilizar la dosis eficaz más baja durante el menor tiempo posible. La reducción gradual es esencial después de más de 2 a 3 semanas de terapia para prevenir la crisis suprarrenal. Los pacientes en terapia crónica requieren cobertura de dosis de estrés durante una cirugía, infección u otra enfermedad aguda. Se recomiendan suplementos de calcio y vitamina D y terapia con bifosfonatos para la prevención de la osteoporosis. Los corticosteroides inhalados y tópicos minimizan la absorción sistémica pero conllevan sus propios efectos secundarios locales.

Conclusión

Los corticosteroides son potentes agentes terapéuticos con amplias aplicaciones en toda la medicina. Su eficacia para controlar la inflamación y las enfermedades inmunomediadas es incomparable, pero el uso crónico está limitado por un perfil de efectos adversos predecible y potencialmente grave. Una dosificación sensata, un seguimiento regular y estrategias de mitigación proactivas son esenciales para optimizar los resultados y minimizar los daños.