Los antihistamínicos son fármacos que bloquean los efectos de la histamina en sus receptores; los antagonistas H1 se utilizan principalmente para afecciones alérgicas y los antagonistas H2 para la supresión del ácido gástrico. La histamina es una amina biogénica implicada en la inflamación alérgica, la secreción de ácido gástrico y la neurotransmisión, y el desarrollo de antagonistas selectivos de los receptores ha producido agentes terapéuticos clínicamente importantes.
¿Qué son los antihistamínicos?
La histamina ejerce sus efectos a través de cuatro subtipos de receptores, de los cuales H1 y H2 son los más relevantes clínicamente. Los receptores H1 median respuestas alérgicas e inflamatorias que incluyen vasodilatación, broncoconstricción y prurito. Los receptores H2 se encuentran predominantemente en las células parietales gástricas, donde estimulan la secreción de ácido. Los antihistamínicos se clasifican según su especificidad de receptor, lo que determina sus aplicaciones terapéuticas.
Mecanismo de acción
Los antihistamínicos H1 son agonistas inversos del receptor H1, estabilizándolo en su conformación inactiva y reduciendo los efectos de la histamina liberada por los mastocitos y basófilos durante las reacciones alérgicas. Alivian eficazmente los estornudos, la picazón, la rinorrea y la urticaria, pero son menos eficaces para la broncoconstricción, que implica mediadores adicionales.
Los antihistamínicos H1 de primera generación, como la difenhidramina y la clorfenamina, son lipófilos y atraviesan la barrera hematoencefálica, provocando sedación y deterioro cognitivo a través del bloqueo del receptor central H1. También poseen propiedades anticolinérgicas que pueden provocar sequedad de boca, visión borrosa y retención urinaria. Los antihistamínicos H1 de segunda generación como loratadina, cetirizina y fexofenadina son menos lipófilos y tienen una penetración limitada en el sistema nervioso central, lo que produce una sedación mínima en dosis terapéuticas. Algunos agentes de segunda generación son sustratos para el transporte de la glicoproteína P, lo que limita aún más la entrada al cerebro.
Antagonistas de los receptores H2 como ranitidina, famotidina y cimetidina bloquean competitivamente los receptores H2 en las células parietales gástricas, reduciendo la secreción de ácido gástrico basal y estimulada. La cimetidina es conocida por sus interacciones farmacológicas mediante la inhibición de las enzimas CYP450, una propiedad menos destacada con otros antagonistas H2.
Usos terapéuticos
Los antihistamínicos H1 se utilizan para la rinitis alérgica, conjuntivitis, urticaria y reacciones a picaduras de insectos, y como tratamiento complementario para la anafilaxia. Los agentes de primera generación son eficaces para el mareo y el insomnio debido a sus propiedades sedantes y antieméticas. Los antagonistas H2 se utilizan para la enfermedad por reflujo gastroesofágico, la úlcera péptica y la profilaxis de las úlceras por estrés, aunque han sido reemplazados en gran medida por inhibidores de la bomba de protones para la mayoría de las indicaciones.
Efectos adversos
Los antihistamínicos H1 de primera generación provocan sedación, deterioro cognitivo y psicomotor que puede afectar a la conducción y al rendimiento laboral. Los efectos anticolinérgicos incluyen sequedad de boca, visión borrosa, estreñimiento y dificultad para orinar. Los antihistamínicos H1 de segunda generación generalmente se toleran bien, siendo el dolor de cabeza y la fatiga las quejas más comunes. Los antagonistas H2 se toleran bien, aunque la cimetidina puede causar ginecomastia e impotencia con su uso prolongado.
Contraindicaciones
Los antihistamínicos H1 deben usarse con precaución en pacientes con glaucoma de ángulo estrecho, hiperplasia prostática benigna y retención urinaria debido a efectos anticolinérgicos. No se deben utilizar antihistamínicos sedantes cuando se requiere estar alerta. Los antagonistas H2 requieren ajuste de dosis en caso de insuficiencia renal.
Conclusión
Los antihistamínicos siguen siendo agentes terapéuticos importantes para los trastornos alérgicos y la supresión del ácido gástrico. La evolución de los antihistamínicos H1 sedantes de primera generación a los agentes no sedantes de segunda generación ha mejorado la tolerabilidad y ha ampliado su utilidad para el tratamiento a largo plazo de las afecciones alérgicas.